Siempre que estoy a punto de tomarme un descanso, sucede algo que me hace replantear mi fin de semana
Son las 10 de la mañana del sábado 30 de Octubre. Observo las cosas sobre la cama y asiento con satisfacción. Las maletas listas, el bolso de mano con lo indispensable para no pasar contratiempos en el avión o buscando un taxi a la salida del aeropuerto, las tres P en la cartera, pasaporte, pasaje, plata.
Sonrío para mí. Al fin, un fin de semana para descansar. El taxi me recogerá en dos horas, tengo tiempo para tomarme un café. Suena el teléfono, mi peor pesadilla se hace realidad, mi jefe me pide que trabaje este fin de semana.
¡Pero ya habíamos coordinado! todo le dije. No vas a poder, me respondió.
Colgué el teléfono, me recosté en la cama y cerré los ojos. Adiós vacaciones.
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